Tres libros viajan en este coche, pero ¿quién conduce?

Os vengo a dejar una recomendación en uno de esos «me has conocido en un momento extranho de mi vida» que se suelen repetir bastante en mi cabeza, porque una no está muy fina de base.

La cosa es que estos días ando leyendo muy poco, mi salud mental está por los suelos y mi cerebro ha llegado a su límite, así que me cuesta conectar con el texto.

A pesar de ello, he decidido dar espacio a Crush, de Richard Siken, editado por Ultramarinos y traducido por Juan Gallego Benot, que llevaba meses llamándome la atención.

Y ay, qué decisión tan maravillosa. Lo que transmiten esas palabras no es algo fácil de encontrar, la belleza y lo cotidiano, lo simbólico, lo alejado y lo que podemos tocar, el dolor y el amor en las vidas de gente falible y mortal.

Mientras lo leía esta manhana, pensé: joder, en mi cabeza, este libro va en un coche, por una carretera medio pocha, y va acompanhado de:

En aquest món, per un moment, som grandiosos / En la tierra somos fugazmente grandiosos, de Ocean Vuong (editado por Anagrama, traducciones de Yannick Garcia y Jesús Zulaika Goicoechea), una historia preciosa, de familia, migración, pertenencia, vidas queer, márgenes, amores, identidad, dolor y descubrimiento escrita con una poesía con imágenes imposibles de borrar de la memoria. (Libro que, por cierto, llegó a mí gracias a Ana, ex-librera de la Prole)

y de:

Mi libro de los muertos, de Nate Lippens (editado por Los tres editores, traducción de Montse Meneses), libro del que ya os he hablado últimamente porque hicimos club de lectura hace poco, y qué maravilla de extractos, de aforismos y cómo nos habla de la pérdida de una forma cruda y bella, sin disfrazarla.

La cosa es:

¿Quién creéis que conduciría?

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